miércoles, 22 de abril de 2026

LA ROSA DE ORO. LA FORTALEZA DE LA CASA DE ALBA


    Caía la tarde, las calles se iban poblando de sombras, el viento ululaba en la sierra de Peña Negra; sierra que parecía proteger a la villa, que descansaba sobre sus faldas. El viento bajaba por las laderas del Monte, despojando a los árboles de aquellas hojas que ya habían convertido su verde primaveral y estival en amarillo otoñal. El Otoño había comenzado y Piedrahíta se preparaba para un nuevo, largo y duro invierno.

    En la parte alta de Piedrahíta, donde la falda de Peña Negra concluía en una laguna donde los habitantes de la villa depositaban ss residuos se alzaba la poderosa fortaleza de los Señores de Valdecorneja, Condes de Piedrahíta, y ahora Duques de Alba. Don Fernando Alvárez de Toledo y su esposa Doña María Enríquez Álvarez de Toledo, III Duques de Alba, II Condes de Piedrahíta y VII Señores de Valdecorneja, entre otros muchos título nobiliarios, algunos de ellos con la grandeza de España adjunta; admirados y queridos por los vecinos de la Villa y él temido por los habitantes de los países donde batallaba, a las órdenes de su Majestad el Rey de las Españas: Don Carlos I o Don Felipe II; eran ahora los propietarios de esta fortaleza. 

    Sobre la torre principal de aquella fortaleza, se alzaba un mastín, en el que ondeaba la bandera con el estandarte de los cuadrados blancos y azules de la Casa de Alba; mecido por el viento que bajaba aquella tarde desde Peña Negra. Piedrahíta sabía que mientras la bandera permaneciera izada, el duque o la duquesa de Alba permanecían en el interior de la fortaleza, ya que al abandonar el castillo la bandera desaparecía del paisaje de Piedrahíta y del Valle del Corneja.

    Las chimeneas de la fortaleza expulsaban humo, lo que confirmaba a los vecinos la presencia de un miembro del matrimonio de los duques. Pero también les informaba de que la cocina y los hogares de las habitaciones estaban a su máximo rendimiento esta trarde de otoño. En las cocinas, pensaban, las cocineras se afanarían en preparar la cena, mientras la leña de los bosques que rodeaban la villa de Piedrahíta calentaban la habitación de los duques.

Autor.- Víctor Hernández Mayoral.
Ilustración.- Imagen creada con Inteligencia Artificial.

 

LA ROSA DE ORO. LA FORTALEZA DE LA CASA DE ALBA

    Caía la tarde, las calles se iban poblando de sombras, el viento ululaba en la sierra de Peña Negra; sierra que parecía proteger a la vi...